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Congruencia para lograr la convivencia

Los padres al ser los principales referentes que tienen los hijos, deben empezar a trabajar la conciencia enfocada hacia la importancia de convivir, de la necesidad del respeto y la tolerancia hacia con los demás.

Lic. Ana Luisa Maglioni Garmendia


Uno de los mayores retos de la humanidad es lograr convivir de manera sana y armónica, pues al ser una construcción colectiva implica tener que aceptar las formas de pensar, actuar y ser de los otros. Es un tema que provoca debates en los diferentes ámbitos en que nos relacionamos.

En ese ir y venir del desarrollo humano, la convivencia ha sido una forma de compartir tiempo y espacio, de experimentar logros y fracasos, sin embargo lo más difícil de ello es el actuar congruentemente entre lo que pensamos, decimos y hacemos para con los demás.

Esta interacción es diaria, es un dar y recibir. Es el punto de equilibrio entre las obligaciones y derechos. Y esta práctica va enseñando lo fundamental que es implementar en cada una de nuestras acciones, los valores tan universales y necesarios para poder convivir con los otros, pues sin el respeto, la tolerancia, la honestidad, la solidaridad, la generosidad, el diálogo y demás valores, la convivencia no puede ser posible.

Actualmente los seres humanos están en la búsqueda incansable de un bienestar social, de un mundo de paz y armonía, la cual se ha vuelto una tarea ardua y llena de incertidumbre, debido a que el entendimiento y la comprensión cada vez se van alejando más de esa realidad, desbordándose en conflictos y desacuerdos. Basta con ver el entorno a nivel nacional y mundial.

Como ciudadanos debe existir un compromiso personal de llevar a cabo cambios y hacer conciencia, es una necesidad imperiosa en cambiar de paradigmas, pensamientos , formas de actuar  y llevar a la práctica realidades, empezando por uno mismo.

Decir y hacer

Si bien es cierto el cambio no se da de la noche a la mañana, al ser los padres los principales referentes conceptuales, conductuales y actitudinales que tienen los hijos, se puede empezar a trabajar la conciencia enfocada hacia la importancia de convivir, de la necesidad del respeto, la tolerancia hacia con los demás.

Se educa a partir de lo que los padres dicen, pero también de lo que hacen, volviéndose así modelos de conducta, simplemente porque desde que se nace hasta que tenemos la capacidad de identificar hechos y verdades se sigue aprendiendo del ejemplo, de lo que hacen los otros. Partiendo de ello se empieza actuar, quizá algunas veces consciente y reflexivamente y otras solo por mero impulso.

El ser humano es muy particular y tiene un complejo modo y sistema de vida que hace que en su diario vivir la convivencia sea s difícil. Y es que su mayor problema es que establece como parte de su vida la discriminación, una de las acciones y actos más indignantes que condiciona a las personas por sus diferencias, acciones que son observables todo el tiempo por los más pequeños y jóvenes.

Pero ¿cómo pensar en lograr cambios? Si en más de una ocasión ha sido el primero en lastimar, humillar, rechazar a otro por su situación o condición.

Como diría Gandhi “Lo más atroz de las cosas malas es el silencio de la gente buena”, es momento de lograr cambios, de hacer algo diferente, de enfocarnos y vivir en la congruencia.

Geográficamente y a través de la historia se pueden encontrar diversos puntos donde por muchos años se han vivido conflictos bélicos, debido a las diferencias en el ser y el pensar, por beneficios e intereses personales. Al respecto, cuando la búsqueda del beneficio propio, los  intereses por encima de los demás, el egoísmo  y la soberbia  se hacen presentes, se daña toda posibilidad de lograr una convivencia sana y pacífica.

Sin embargo la indiferencia, el conformismo, la insensibilidad, ha llevado a situaciones ya inconcebibles. ¿Cómo quejarse de lo que no se hace responsable? la convivencia sana y pacífica es un compromiso y una responsabilidad de todos y no de unos cuantos.

Vivir en armonía

¿Será que tendremos que seguir viviendo hechos lamentables que lleven a cuestionarse qué tan fácil o difícil es vivir en completa armonía? ¿Será posible que algún día se pueda lograr la  paz? ¿Algún día lograremos actuar cien por ciento congruentes?, éstas y muchas preguntas más surgen de esta realidad social.

“Si las guerras nacen en la mente de los hombres, es ahí donde hay que construir los baluartes de la paz”. – UNESCO

Todo dependerá si se es consciente que el cambio empieza de ese compromiso social e individual, del entorno familiar, de esa convicción y decisión de llevarlo a la práctica.

La inteligencia, la asertividad, el control de emociones, la participación, el trabajo, el compromiso, los lazos familiares y la búsqueda del bien común pueden ser considerados como los únicos elementos posibles para lograr el cambio anhelado.

En una sociedad como la nuestra no cabe la posibilidad de sentarse a esperar que ese cambio se dé mágicamente, la tarea y el compromiso social empieza desde ya, desde el momento mismo en que decidimos que hay una necesidad imperiosa de establecer límites, reglas y valores tan necesarios para lograr las mejores relaciones sociales de convivencia. Sin ellos no hay la más remota probabilidad de arreglar diferencias o situaciones, redoblar esfuerzos y sumar acciones, es lo que llevará a conseguir que cada persona, desde su rol social, sea participativo y propositivo.

Los problemas mundiales no se pueden resolver individualmente aunque se tenga la mejor de las intenciones, pero si se puede empezar por casa, por la localidad, por el país.

Finalmente la única forma en que se puede lograr cambiar el rumbo de la verdadera convivencia será aplicando siempre la congruencia, sin ella nada será posible. No piense, no diga, si no actúe. Piense, diga y accione, ser congruente siempre llevará a una realidad positiva.