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Estrategias para la prevención de adicciones

Dentro del ambiente familiar deben existir normas claras, firmeza de principios y valores; así como una sana comunicación, confianza y afectividad, que favorezcan el desarrollo personal y social del niño con su entorno.

Ana Luisa Maglioni Garmendia


Actualmente los niños y jóvenes viven en situación de riesgo constante, expuestos a factores que pueden intensificar ciertas adicciones, esto se debe a la gran influencia de los medios de comunicación y la tecnología. Y esta influencia, si no es bien tratada e informada, impactará en la vida de cualquier niño o joven.

Situaciones emocionales y sociales pueden llevar al extremo a esta parte vulnerable de la sociedad a caer en las garras de las drogas. Su consumo guarda una estrecha relación con la forma de vivir de cada chico y la adaptación que tenga en cada una de las áreas de su vida.

Por diversos factores existen más padres ausentes en la familia, carentes del control paterno, dando como resultado hijos sin supervisión, que se quedan solos o a cargo de terceras personas. Hoy en día, en chicos de edades tempranas, que oscilan entre los 8 a los 12, se hace presente el abuso del tabaco, alcohol y drogas, considerados como los principales problemas de salud pública.

Sin embargo, la existencia de ciertos mitos y realidades en torno a las drogas, llevó a la creencia que los niños que vivían en situación extrema o de pobreza eran los más expuestos a caer en situación de riesgo, a diferencia de aquellos niños y jóvenes que sus familias les prodigan bienestar, estabilidad económica y una vida resuelta. Sin embargo, son los chicos no escuchados, ni comprendidos, lo que los lleva a un estado de demanda, de poca constancia y esfuerzo, de baja tolerancia a la frustración, de aburrimiento y ocio, de falta de límites, reglas y valores, los más propensos.

Aunado a ello, la existencia de un control familiar insuficiente, divorcios o separaciones conflictivas, familias disfuncionales, antecedentes de abuso, pueden provocar que el niño o adolescente manifieste una escasa autoestima, bajo rendimiento escolar, fracaso o deserción escolar, falta de expectativas y metas, evasión de los problemas familiares, la frustración e insatisfacción haciéndolos más vulnerables.

“A mi hijo no le va a pasar”

Existe la creencia que hablar del tema con los hijos, es una forma de provocar e inducir, así como de despertar la curiosidad e invitar a su uso; esto es totalmente erróneo pues evitar hablar de ellas no reducirá el riesgo y sí aumentará la probabilidad de que las prueben alguna vez.

Las adicciones crean impulsos incontrolables y repetidos de consumir una sustancia tóxica, implicando un gran riesgo para la salud.

Por tanto, es fundamental que dentro del ambiente familiar existan normas claras, firmeza de principios y valores; así como una sana comunicación, confianza y afectividad, que favorezcan el desarrollo personal y social del niño con su entorno. Lo importante es la información, pero sobre todo la prevención, esto puede ayudar a que los chicos tomen decisiones basadas en hechos reales y no en la presión ejercida por sus compañeros.

Creer que una situación de riesgo como las adicciones es algo que no puede pasar con los hijos, sería como pensar que un río nunca podrá salirse de su cauce. Y es que en la necesidad de demostrar su propia personalidad e identidad, el sentido de pertenencia ante un grupo, experimentar nuevas sensaciones, afán de descubrimiento o el transgredir y retar las normas establecidas con sus padres puede llevarlos a su consumo.

Es importante que conozca y reconozca señales de alerta ante una situación de riesgo o de consumo, es decir si nota cambios de conducta como irritabilidad, cambios de humor, aislamiento, inactividad, pereza o apatía, insomnio, ojos rojos, etc., le darán la pauta a seguir.

Recuerde que no existen fórmulas mágicas que puedan evitar el posible riesgo de caer en las drogas, sin embargo, si es posible implementar ciertas estrategias que pueden ayudar en mucho en la prevención de adicciones:

  • Fortalecer en todo momento la autoestima del niño o adolescente.
  • Hacerlo sentirse amado y valorado.
  • Dedicar más tiempo de calidad para con los hijos.
  • Dar atención y cuidados.
  • Sea su principal referente informativo.
  • Retroalimentar valores y pautas de conducta.
  • Conozca con quien se relaciona, quiénes son sus amigos, a que lugares asisten.
  • Fomentar actividades sanas, deportivas y recreativas, que estimulen el uso del tiempo libre.
  • Trabajar con él la seguridad y firmeza en sus decisiones (desarrollando en él, la capacidad de afrontar cualquier tipo de presión de sus pares).
  • Conozca los tipos de drogas que existen, las consecuencias, sus efectos.
  • Utilice la tecnología como recurso interactivo.
  • Aproveche situaciones de la realidad, para abordar el tema.
  • Responda a sus preguntas lo más objetivamente, clara y concretamente posible.
  • Favorezca un clima de confianza y diálogo.
  • Oriéntelo (sin tratar de controlar)
  • Háblele sobre la ley y su aplicación con respecto a las drogas.
  • No atemorice, resalte la responsabilidad si incurre en un delito y la consecuencia (no solo de salud, sino también legal).

Con estas estrategias y un mayor acercamiento puede lograr en su hijo potencializar su pensamiento crítico que lo ayude a desarrollar una actitud responsable en cuanto a su persona y sus decisiones, así como a ser capaz de comprender él por qué de los riesgos, consecuencias y del cómo pueden impactar en su vida.

Así que manos a la obra, que todavía queda mucho por hacer, porque el mayor deseo es tener una sociedad libre y feliz, en la que sus hijos están incluidos.